oy árbol que el viento mece suavemente, llevo en mi memoria a los niños que un día me trajeron, buscando el edén, me sometieron a un hermoso hoyo redondo y tibio! que susto! Me plantaron un día.
Del árbol, que antes se festejaba y las maestras , venían a visitarnos.
Cargo en mis ramas energía para ambientar los refugiados de la lluvia, o del calor ,cuando los rayos del sol ni su sombra dejan en el asfalto caliente, desintegrado, desesperado y los abanico solidariamente.
Chis-chis perrito ¡no! ¡no! Aléjate. Latente, humano, arriesgo mi integridad por el smok.
Los terribles niños trepan y cortan mis hojas, no escuchan mi dolor.
He visto rostros ácidos, coléricos, huidizos, maldicen mis hojas o raíces, rencor dudoso de sus vidas esperan atraparme y cortarme en pedacitos, airoso saldré de las batallas del hombre, unos me aman otros ignoran mi existencia. No seré quejoso y frívolo, si hoy fue soleado.
Me he maravillado de unos pájaros preparando su nido en el lado izquierdo de mis ramas internas, donde el frío y el agua corren suave su andar. En septiembre me vestiré de flores, seguiré aquí esperando los polluelos de los nidos puestos que recorran mis entrañas, alegrándome con su pío, pío, y su madre enseñándole a volar, moviendo todo sin molestarme.
Estoy enamorado! Una parejita besándose consternada por dirigirse ella temprano a casa:- te quiero, te amo- la niña dijo- yo ni respiraba para escuchar, se despidieron cada uno por su lado, triste, solo me quede.
Mi corazón se detuvo cuando volvió el joven y con un punzón, un corazón grabo.
Me retorcía del dolor, con que mano me hirió, no sabia que alguien cortara mi savia del amor.
Mi cuerpo árbol fuerte riguroso, paso inviernos crueles, calores insoportables albergue personas y bichos, la felicidad llega.

                                                                                          Gladys Ovadilla

 

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