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l sol apareció en el horizonte, iluminando el estanque,
que se despertaba soñoliento. Los rayos iluminaban el agua y
los animales en fila india, necesitando beber sin apuro, se arrimaban.
Los árboles movían sus ramas y sus hojas garabateaban el espacio, protestando
por la agresión del
vendaval enérgico de ese día.
Los pájaros salidos como de un mapamundi alborotaban el cuadro, con sus cantos
y barullos, volaban de
rama en rama modulando su alegría.
Miré nuevamente desde atrás del alambrado, el amanecer brillante de una
pintoresca chacra bella y
divertida. Todo se veía lindo y extravagante, con el astro dorado inundando el
lugar, por momentos
parecían fantasmitas a mis ojos arrolladores del espectacular día.
Mire nuevamente al partir y vi tu figura
aparecer de las flores, desperezarte en forma de marioneta. Tú juventud se
confundió con el universo,
presa ya de la naturaleza y empapada de rocío, adsorbiste aire y sol refrescando
tu imagen perpetuada.
Fue diferente, al abrir
tus inmensos ojos realizaste el milagro y todo se volvió maravilla.
Gladys Ovadilla
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