Despertaba el pueblo del frío intenso, con ganas de volver a la cama. Descifré las flores caídas, cayendo en soledad ventisquera, sin perfume la nieve las tapa sin poder respirar, el jardín esta blanco. Con mis nietos sentados a mi lado (los súper hermanos), cayados sonrientes, poderosos, los quiero mas allá del olvido y van con mi corazón, despierto o dormido.
La casa resplandecía abrigada al desolador mirar de las calles. Un humeante café despertaba a los tres insaciables apetitos, bebimos, comimos las riquísimas facturas que la señora Moni nos prepara día a día.
Estrené este día de frío una manta color amarilla, traída del norte argentino, cubrían solidarias mis rodillas.
A mis aventureros nietos los heredé de mi hijo Marcelo, van conmigo de viaje al lugar que yo quiera. Desde bebes alegran mi vida, saben si estoy enojada con ellos, mientras viva podrán buscarme que estaré sin negarme.
El sol pega en las ventanas, el hogar arde y el humo de la chimenea se desvanece en el aire. Preparado mi sillón mis nietos se retiran a su casa; sola, busco mis anteojos, un libro  y calentita aprovecho a leer y me duermo.
Marcos con un traje verde, blanco y rojo como la bandera de Italia con un gorro iluminado en la cabeza, vuela y es invisible, se convierte en Súper Marcos, cambia su cuerpo.
Pelea con un palo en la mano izquierda con un monstruo que salió de un lado de la montaña. Se oscureció el día al salir vi a varios más.
Ni tonto ni lento súper Marcos los aplasta y vuelven a levantarse, volando podría dejarlos atrás pero es mas fuerte su poder.
Lucha cuerpo a cuerpo y los va tirando titánicamente Al precipicio, aplastados morirán de hambre no podrán levantarse con los músculos que los tiro súper marcos vuela contento de cima en cima.
Quedaron en encontrarse súper Marcos y súper Maxi en un puente llamado Inca en la montaña verde.
Asustado súper Marcos, en un remolino apareció súper Maxi vestido de celeste y blanco como la bandera Argentina resplandecía su traje con luces como luciérnagas, en su gorro y su cuerpo de súper Maxi era increíble lleno de músculos y fuerza, volando llego al lugar indicado. Temblaban las montañas con ellos se derretía la nieve eran invencibles.
Estaba en un lugar abandonado, silencioso y bastante jorobado; llegaron a sus oídos, marchas y quejidos, están al asecho, divisan los robots de la banda de Neco. Estos gigantescos personajes funcionan por control remoto, atacan, matan sin parar; atentos los súper “M” comienzan a volar encima de ellos, sin dejarse tocar enfurecen a los intrusos. No han querido respetar en la montaña verde el fuerte de los súper hermanos.
Los súper “M” empiezan a actuar, sus músculos y sus cerebros explotan destruyendo a los malvados.
Silencio, todos han muertos, el bien a triunfado.
Los dos jovencitos cansados llaman a sus compañeros de aventuras, siempre fieles, los cóndores Kino y Kirqui.
Satisfechos de la alegría de verse se montan en sus cuerpos y comienzan a recorrer los laberintos de la montaña  buscando otra aventura.


                                                                                            Gladys Ovadilla

 

 

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