
(Cuento corto)
ra una mansión de tres plantas, gris, sin brillo, sola e insolente para mí. Se cubría de misterio
para que nadie la posea, estaba a unas casas de la nuestra, todos hablan de ella como si fuera un monstruo.
Solos los pájaros la adoptaron por fuera, tal vez por eso, dentro se llenó de alimañas.
Nadie se atrevería abrir las puertas de esta monumental construcción abandonada.
Los jueves de noche, se reúnen en nuestra casona, parientes y amigas de mamá para jugar a la lotería,
mientras
nosotros los infantes servimos oporto y café, que mamá dejo preparado, con rodajas de torta de naranja.
Pacificas y felices, sentadas en la mesa comenzaba el jolgorio.
-¿Se enteraron que el domingo en la casa solitaria se encendieron
todas las luces, se abrieron las ventanas, estridente sonó la música y se abrió la puerta cancel.
Luego salio un Sr. con valijas, tomo el
auto y desapareció?. Fue cosa de mandinga.
-Si - dijo otra Sra. muy alhajada y elegante- mi esposo y yo, noches atrás regresábamos de una reunión y vimos como
corrían los muebles, se encendían las luces y los cristales se estrellaban en el piso.
-Bueno - dijo mamá- si cuentan las mismas anécdotas, mis pequeñitos
se aterrorizaran y no dormirán cuando ustedes regresen a sus casas.
Mis hermanitos y yo nos refugiamos cerca de mamá por las dudas.
Mama nos contó que había casas embrujadas como esta, no se sabía
que les ocurrió a los dueños.
Señores que han amado sus casas, es como que sus almas vagan por ella,
no dejan que invadan su lugar.
Otros han maltratado tanto a los sirvientes, que de muertos nunca la abandonaron
y la casa se convirtió embrujada o maldita.
Todos aseguraban que son fantasmas; yo no ví nunca uno por ahora, eso no quiere
decir no encontrármelo alguna vez y no se si lo superaría.
Gladys Ovadilla