
Silva el viento
las ramas se abanican
hojas amarillas
alfombran el camino.
Lentamente atenta
al vuelo de los pájaros
inmaculada, enredada
en sueños, avista la casa.
Las ventanas cetrinas
olvidadas, calladas
se ve la soledad
no resplandeciente pasados.
Estoy abandonada
en los recuerdos
la calle me despierta
al ladrar un perro.
Pálida acecho
revelable a muchos
el secreto, distante
centrado en la memoria.
La casa de mi abuela
silenciosa y triste me
encontró,
mirándola de afuera
llorando por ella.
Gladys Ovadilla