La oscuridad la veía reflejándose en el caserío,
todos comenzaban a retirarse a sus casas donde
poder refugiarse.
Escuchaba llorar los niños que pasaban en
la calle y sus madres apresuradas
se dirigían a su hogar.
Impasible la noche reflejaba la entrega
y la tristeza de la calle.
Nosotros unidos en nuestro hogar
las estufas encendidas, escuchando
música, acortábamos la frialdad.
Los charcos se miran entre ellos
y esperan la helada trasnochada
que caerá sobre ellos sin mirarlos.
Todo es gélido; el astro se presenta
oscurecido, es tiempo muy temido.
Las flores dormidas sentirán en
su morada el frió de la noche,
se pelearan y abrigaran una a una
para sentirse calentitas.
Se helaran los brotes de los árboles y
cada pájaro estará en su nidal.
No se si el frío de la noche cicatriza lo charcos,
pero cúbrete bien el la cama este día.
La frialdad desmesurada querrá
entrar en tu hogar, pero estas tu con los
candentes fuegos que harán retroceder el frío y
la peligrosidad de la angustiante noche.

                              

                                                             Gladys Ovadilla
 

Volver a Poemas

Próximo Poema