

Amada mamá:
Hoy me sentí diferente en este Día de la Madre,
tu presencia invadió mi casa.
Mis hijos han crecido y se me ocurrió
que estaba en tu casa festejando este día.
Tú eras esa mujer cariñosa, educada,
con carácter para tantísimos hijos
la que daba todo, nunca nos dejabas, no te alejabas de casa.
Eras la sonrisa, las mariposas, nuestro vergel...
Un día te dije: - mamá, te construiré una estatua en la punta
del obelisco, que pase el mundo y te conozca, “SALOME,
la madre de los Ovadilla-. Sonreíste como nadie dulcemente.
Te llenó de orgullo el amor de tu hija.
También quiero decirte y agradecerte por el amor,
educación, estudios, hermandad, que desparramabas para
que nosotros la tomáramos y fuéramos cada día mejor.
Serenos, obedientes, era tu gran preocupación.
Tus mañanas de misa, y mis cinco añitos
cuando tomándome en tu regazo me enseñabas
a rezar por papi, que DIOS se lo llevo tan joven.
Nada es triste mamita, son recuerdos
que llevo en mi mente, el fin, seria olvidarlos.
Te detallo mi don, me lo dejaste, mami cuando deseo
verte tapo mis ojos con las manos y apareces tú, sonriéndome.
Como siempre, ¿no es hermoso? Seguirán los almanaques arrojando
los meses y yo estaré aquí, y tú acompañándome como hoy.
Te amo mamá no te olvido tu hija.
Gladys Ovadilla