

No quieras escuchar
las voces vagas
que encienden en ti
carácter fuerte.
Todos te querrán
por elegante
dormida y atorrante en el sillón.
Festejan tu pelo reluciente,
caliente tu cuerpo,
rulos al viento
y tus patas
cortas en el balcón.
Te digo compañera
inocente y sincera
caminaré a tu lado
siempre por el prado.
No opinas ni gritas
conduces la libertad
me apenas si no saltas
mi hogar es tuyo dos más
en todo lugar.
Te llamo y me miras
obediente y perspicaz.
Tus ojos, dos luceros
olvidarme jamás.
Gladys Ovadilla