Torrentes de africanos
jóvenes sus manos
buscan libertad.
Apresurados llegan
saltando las fronteras.
Hay hambre en sus entrañas
lo hacen tiritar
sus ojos dos luceros
Iluminan su camino
piruetas de dicha postal.
Tu dios duerme la
siesta en el portal.
Osadía extraña
querer beber del amo.
Tu esclavitud es paga,
tu porvenir no es nada,
carentes de franqueza
los endiosados ricos
manosearon los pueblos
dejaron tu tristeza.
Atrapado en el mundo
tu vacilar figura
aprisionado en las vallas.
Asentir a tus fuerzas
te llevan a reversa
el fusil del asedio.
Tu vida queda allí,
y en tu agonía piensas:
Si yo seria blanco
de nácar mi textura
del mundo hombres ricos
no me perseguirían.
Este homenaje va
a todos mis hermanos
que cruzan fronteras, aquí, allá,
débiles, frágiles,  hambrientos, sin bandera.
Las rosas más bonitas para ustedes
llevo en mis manos.
 

                                              Gladys Ovadilla
 

 

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